En estos momentos me siento una persona agradecida aunque cuando era joven no lo era tanto; a medida que han ido pasando los años he ido madurando y trabajando a nivel personal y espiritual y poco a poco este sentimiento ha ido brotando de mi interior cada vez con más fuerza.
El año 1996 yo ya practicaba la meditación, sentía con fuerza una gran inquietud espiritual y vino a Europa mi maestra de aquel momento la cual lideró un retiro de meditación de una semana en Sitges, cerca de Barcelona, y yo junto con un equipo estuve haciendo trabajo voluntario para contribuir a que el retiro fuera posible. Cuando ella llegó fui a saludarla y a darle la bienvenida y cuando me vio me reconoció, me cogió las manos y empezó a darme las gracias durante un buen rato, yo estaba muy sorprendida y el periodo de tiempo en el que estuvo dándome las gracias me pareció eterno y como no podía decir nada porque ella no paraba de darme las gracias, todo mi cuerpo comenzó a expresar gratitud hacia ella y mientras lo hacía podía sentir como mi corazón latía y se movía agradeciéndole que hubiera venido a realizar aquel retiro.
Esta expresión de gratitud encarnada en mi cuerpo era la primera vez que la sentía y para mi era una experiencia nueva. Fueron pasando los años y fui olvidando aquella experiencia tan profunda en la que no había palabras sino que mi cuerpo se convertía en una energía de gratitud que comenzaba con el latido de mi corazón.
Desde entonces tengo incorporada dentro de mi el auténtico sentimiento de gratitud; cuando trabajaba y coordinaba proyectos en los cuales a menudo participaba mucha gente, cuando el proyecto finalizaba siempre tenía en cuenta incorporar el agradecimiento genuino, no solo con palabras sino con presentes muy pensados para las personas voluntarias que habían colaborado y también un reconocimiento auténtico a los profesionales que habían participado en la elaboración del proyecto y lo habían llevado a cabo; para mi era la parte más importante del cierre del proyecto. Era la frutilla que coronaba el pastel.
Desde hace dos años se ha despertado en mi, aún con más fuerza, este sentimiento por las pequeñas o grandes cosas que suceden en mi vida. También he comenzado a experimentar otra vez este sentimiento en mi cuerpo tal y como lo sentí en el año 1996 con mi maestra espiritual de aquel momento. A veces estoy caminando por la naturaleza y estoy enfocada en mi misma meditando activamente mientras paseo y llega un momento que mi corazón empieza a latir expresando gratitud y si pienso por qué lo siento, hasta hace poco no lo sabía definir.
Últimamente he tenido una inspiración mientras estaba caminando por la ciudad ya que he vuelto a sentir en mi interior este sentimiento tan genuino y de pronto me ha venido un pensamiento que me decía: “ estás agradecida de ti misma y de tu cuerpo que es un templo porque lo cuidas a nivel físico, material y espiritual”, a continuación he pensado que como era posible que fuera así y profundizando un poco más en este mensaje que he recibido he comprendido que estoy aprendiendo a valorarme, a sentir autoestima, a quererme y a reconocer que soy una persona fuerte y poderosa interiormente.
Otras veces que mi cuerpo ha hablado expresando agradecimiento he descubierto que también estoy agradecida al Universo por todo lo que me concede y por su protección y ayuda que he tenido y tengo en cada momento de mi vida.
A medida que voy profundizando en mi camino espiritual, meditando, estando en silencio y sintiéndome bien conmigo misma, los sentimientos que surgen de mi interior son más puros y uno de ellos es la gratitud que es benéfica para mi y para mi entorno ya que me ayuda a crear a mi alrededor una vibración poderosa que no solo me beneficia a mi sino a los que me rodean.
20 de mayo de 2026

