El año 2003 inicié el Camino de Santiago desde Roncesvalles a Santiago de Compostela; en aquel momento aún trabajaba y por ello transité el Camino en tres etapas de doce días cada una; la primera el mes de septiembre y las dos últimas a partir del solsticio de verano; escogía estos periodos porque no había tanta gente como en otras épocas del año.
Para mi fue una gran experiencia poder transitar por este camino ancestral lleno de energía benéfica donde me parecía que los caminos, las piedras, las flores y la naturaleza me hablaban mientras pasaba por su lado. Recuerdo que cuando comenzaba el verano todavía había muchas flores de diversos colores al lado del camino; era feliz disfrutando del paisaje y de todo lo que me iba encontrando a mi paso lo cual honraba, respetaba y me hacía sentir muy bien.
Decidí andar sola porqué de esta manera podía estar centrada en mi interior, observar con más consciencia la naturaleza y meditar mientras iba caminando. De vez en cuando me paraba para comer algo o para entrar a alguna capilla de las tantas que se encuentran durante el camino que acostumbran a estar abiertas para que los peregrinos las podamos disfrutar, son espacios donde la energía es muy potente y se respira mucha paz.
Acostumbraba a andar más o menos unos veinte kilómetros al día y cuando estaba cansada paraba en el primer albergue para peregrinos que encontraba. Estos alberges se pueden encontrar durante todo el trayecto y están preparados para que los peregrinos podamos pasar la noche, lavar nuestra ropa , ducharnos y cuidar nuestro cuerpo, especialmente los pies que están cansados de tanto caminar día tras día y si el peregrino quiere puede también cocinar su propia comida. Allí me encontraba con los otros peregrinos con los que acostumbrábamos a intercambiar nuestras experiencias. Conocí a personas muy interesantes con los que sentía una cierta afinidad porque nuestros intereses eran similares y nos parecía que nos conocíamos de toda la vida; siempre queríamos encontrarnos en el próximo albergue, circunstancia que a veces sucedía y otras no. Si mientras caminaba sufría algún incidente, como una vez que sangraba por la nariz y no me había percatado que iba dejando un reguero de sangre por allí donde pasaba, cuando otros peregrinos se dieron cuenta me atendieron y hasta que no estuvieron seguros que estaba bien no me dejaron. Tuve muchas experiencias enriquecedoras de las cuales voy a explicar tres de ellas:
Una fue al bajar de Roncesvalles me paré para comer en un restaurante de un pueblo de Navarra y cuando fui a pagar un hombre se me acercó para hablarme ya que vio que era una peregrina y la gente que vive cerca del camino les gusta mucho tener contacto con nosotros y hablar del camino y de nuestras vivencias; estuvo encantado de hablar conmigo y me invitó a comer a su casa con su familia porque eran las fiestas del pueblo y se trataba de una comida especial, yo no acepté porque acababa de comer pero me insistió tanto que finalmente claudiqué. Me encantó conocer a aquella familia tan abierta y acogedora, siempre me he acordado de esta experiencia y llevo a esta familia en mi corazón.
Otra experiencia fue cuando iba caminando por la meseta castellana en medio de unos campos de trigo de color amarillo que cuando soplaba el viento el trigo se movía de una manera que se asemejaba a las olas del mar. Fue entonces que me vino con mucha fuerza el pensamiento que tenía que escribir un libro explicando mi experiencia de cuidar a mi madre, enferma de Alzheimer, porque ayudaría a mucha gente; y así fue, escribí el libro titulado Te quiero hasta el cielo que hasta el momento está ayudando a mucha gente.
Y la tercera fue cuando en otro tramo del camino me vino otro pensamiento que decía que cuando mi madre se fuera de este mundo yo tenía que organizar una fiesta a la que tenía que invitar a mi familia extensa para hacerle a ella un homenaje. Así lo hice, la fiesta fue un éxito, estuvo llena de amor y alegría y alguna lagrimita también y la parte de mi familia con la que casi no teníamos relación, desde aquel momento mantenemos una relación cordial.
Como conclusión puedo decir que mi vivencia de caminar por este camino que han transitado miles de peregrinos a través de los siglos ha sido fantástica, llena de vivencias enriquecedoras y transformadoras que recuerdo con mucho afecto y un poco de nostalgia.
20 de marzo de 2026

