En estos momentos de mi vida la naturaleza es mi gran amiga, pero no siempre ha sido así.
Cuando era pequeña vivía en un pueblo del Pirineo; la familia habitábamos en una casa a las afueras cerca de los prados de hierba y árboles frutales donde las vacas pacían tranquilamente. Los niños salíamos a jugar a la calle que en aquel entonces no estaba asfaltada y a menudo saltábamos a los prados y corríamos por allí, subíamos a los árboles frutales y nos comíamos una manzana que a menudo la cogíamos verde y nos producían uno que otro dolor de barriga. A veces también íbamos al rio a merendar con nuestros padres el cual estaba cerca de casa, o sea que durante mi infancia disfrutaba de una vida muy sana. En aquel tiempo me gustaba pero no pensaba que era una privilegiada por vivir cerca de la naturaleza ya que para mi era algo natural.
Cuando cumplí diecisiete años toda la familia nos trasladamos a vivir a Barcelona y en aquel entonces me parecía fantástico este cambio de escenario y no añoraba el contacto con la hierba, los árboles, los pájaros, las flores, los ríos, los riachuelos y las montañas que me habían acompañado durante toda mi infancia, ya que la gran ciudad me deslumbraba. Pero a medida que fui creciendo, de vez en cuando sentía que yo formaba parte de la naturaleza y que todos los habitantes de esta ciudad que es Barcelona nos estábamos separando de ella y que esto no es natural y muy posiblemente afectaba a nuestro estado anímico y a nuestra salud.
Así fueron pasando los años y ya a mi edad adulta me volví a acercar a la naturaleza y empecé a ir a menudo a la montaña o al mar y aún sigo con esta práctica y cada vez que voy soy muy feliz ya que disfruto de los bosques, del canto de los pájaros, de los paisajes, del mar etc. Muchas veces cuando contemplo una vista panorámica arriba de una montaña viene a mi mente que me gustaría tener alas para poder volar y así acercarme a las montañas y cimas que tengo en frente. Poco a poco mi comunicación con la madre naturaleza va siendo más fluida.
Actualmente, como vivo en la parte norte de la ciudad, cerca del parque del Guinardó, aprovecho para tener un contacto diario con el bosque cuando hace frio y cuando el tiempo es más cálido voy al mar; es por ello que cuando no voy de excursión, camino un rato y después busco un lugar tranquilo, si es posible cerca de un árbol, me siento tomo el sol y me descalzo para poder pisar la tierra y liberar las energías densas que voy acumulando en la ciudad, hago unas cuantas respiraciones profundas llenando totalmente mis pulmones de aire, los cuales se oxigenan totalmente y todo ello me deja en un estado de paz, también hablo con los árboles, arbustos y plantas que me rodean y finalmente medito y doy las gracias a todos los elementos naturales que me acompañan. En estos momentos este contacto diario con la naturaleza es una prioridad en mi vida, porque me he hecho consciente de la gran importancia que tiene para mi ya que me permite estar serena, saludable, tranquila y feliz.
Como conclusión quiero decir que el contacto con la naturaleza es vital para el ser humano ya que todos formamos parte de ella, por lo cual seria muy bueno que los diferentes estamentos de esta sociedad: educación, medios de comunicación, salud, etc. tuvieran como prioridad hacer consciente a la población desde pequeños de su gran valor para su salud física y emocional.
20 de enero de 2026.

