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El mar me inspira

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El mar inspirador

El verano pasado, mientras estaba en Barcelona, antes de irme de vacaciones, disfruté mucho del mar, ya que cada día iba a ver la salida del sol a la playa. Ha sido una experiencia inolvidable que pienso repetir a menudo la próxima primavera y el próximo verano.

Cuando llegaba a la playa me emocionaba esperando que el sol empezara a asomar por el horizonte; si el día estaba claro se podía ver el cielo rojizo que anticipaba la aparición majestuosa de este espectacular astro que, poco a poco, iba sacando la cabeza con mucha calma.

Empezaba a caminar desde la playa de la Nova Icària descalza, cerca del agua; las olas iban acariciando mis piernas mientras mantenía la mirada puesta en la espectacular salida del sol. Cada día era un espectáculo maravilloso que tenía matices diferentes, dependiendo de si había nubes en el cielo o no y de cómo estaban situadas, lo que hacía que me quedara embelesada mirándolo. Cada día me sorprendía su belleza y majestuosidad y era como si lo mirara por primera vez. De vez en cuando observaba a algunas personas que estaban contemplando esta maravilla de la naturaleza y me sentía cerca de ellas porque teníamos la misma sensibilidad.

Una vez el sol se había elevado, mi mirada se dirigía al agua y la contemplaba agradecida. Me gustaba mirar las olas cómo iban y venían y le daba las gracias por todo lo que nos da continuamente a todos los que la disfrutamos: salud y gozo; también la bendecía y sentía que el mar estaba contento y que, a partir de mi comunicación con él, guardaba esa frecuencia elevada de gratitud.

El científico japonés Masaru Emoto descubrió a partir de sus investigaciones que el agua tiene memoria y guarda la vibración de los mensajes que le enviamos. Él hizo el siguiente experimento: llenó varias botellas de agua; en una escribió palabras positivas, como te quiero, gracias, etc.; a otras les puso música clásica; a otra le puso la melodía Imagine de John Lennon; a otra palabras negativas, como un insulto, etc.; y a la última música de baja vibración. Las congeló todas y después observó con un microscopio que el agua con mensajes o música de alta vibración tenía formas preciosas, y las de mensajes o música de baja frecuencia mostraban formas feas e irregulares, lo cual demostró que el agua es capaz de guardar los mensajes que le enviamos.

Cuando llegaba a la playa del Bogatell seguía caminando un rato hasta llegar a una zona solitaria; entonces me sentaba en la arena y contemplaba el mar, lo cual me relajaba, y empezaba a hacer respiraciones conscientes durante un buen rato y, a continuación, me quedaba en un estado contemplativo mientras tomaba el primer sol de la mañana.

Después me sumergía dentro del agua; qué placer tan grande sentía cuando la frescura de aquella agua bastante limpia tonificaba mi cuerpo, ya que el agua de mar, al ser salada, nos ayuda a purificarnos y también a sanar rápidamente las heridas.

Era un placer poder nadar un rato a esa hora de la mañana en la que estaba prácticamente sola. Después volvía a casa totalmente renovada y muy contenta, dispuesta a desayunar y empezar un nuevo día llena de gratitud, vitalidad y buen humor.

20 de febrero de 2026

 

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