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Los enfermos de Alzheimer no saben expresar lo que quieren

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Los enfermos de Alzheimer, a medida que van perdiendo facultades, no son muy conscientes de lo que les pasa, ni de lo que necesitan y quieren.

Me producía mucha tristeza y ternura a la vez cuando veía que mi madre era una persona tan indefensa. Por ejemplo: una vez que estábamos de vacaciones en mi pueblo, Seo de Urgel, mi madre se cayó en el huerto de nuestra cosa y no sabía dónde estaba, la buscaba y no la encontraba y de pronto vi que estaba tendida   en el suelo sin moverse ni quejarse y se me rompió el corazón porque si no la hubiera encontrado se podía haber quedado allí horas y horas  sin decir nada ni pedir ayuda; esta situación me entristeció y también me hizo  consciente de la indefensión de   estos enfermos que no saben qué les pasa y tampoco saben quejarse ni pedir auxilio.

Esta fue la razón principal por la que decidí convertirme en sus ojos para que pudiera ver lo que a ella le faltaba y no sabía reclamar. Cuando ingresó en la residencia esta función se volvió indispensable para que a ella no le faltara nada. Con esto no quiero decir que no se ocupaban bien de ella, porque la residencia donde mi madre vivió los últimos doce años de su vida, la atención al residente era muy buena y ella estuvo muy bien, no le falto nunca nada de lo esencial, pero se debe reconocer que, aunque tenían el personal suficiente que exige la legislación, tenían muchas personas discapacitadas para atender y se les podían escapar algunos aspectos necesarios aunque no imprescindibles que los enfermos como mi madre no sabían reclamar.

De esta manera, mi madre pudo gozar de una vida plácida los últimos años de su vida. Por ejemplo, cuando mi madre ya casi no podía tragar la comida y se la tenían que dar triturada ,la cual no es muy agradable al paladar de los enfermos, a la hora de la comida estaba pendiente para ver si podía conseguir que la comida le resultara más agradable y según el menú del día pedía un plato de comida no triturada que podía chafar con el tenedor, como verdura y una tortilla o pescado blando, y lo convertía en una textura muy fina que mi madre podía tragar y al mismo tiempo podía paladear el sabor de cada alimento mucho más, diferenciando la verdura  y la tortilla o pescado. Cuando podía hacerlo así, mi madre me demostraba con su actitud que estaba encantada y se lo comía rápidamente saboreándolo con gusto, cosa que no pasaba cuando le daban triturado.

En otra ocasión, en primavera después de desayunar sacaron a mi madre a la terraza para tomar el sol con una blusa fina, este día la temperatura  era fresca aunque agradable, cuando llegué, me di cuenta que seguramente mi madre podía tener frío pero no la sabía expresar; fui a buscar una chaqueta y se la puse, pero llegué tarde porque ya se había resfriado y para una persona tan delicada un resfriado puede ser grave, porque si se le produce mucosidad tienen que darle antibióticos, cosa que debilita al enfermo y le cuesta recuperarse.

Unos días atrás, visité en la residencia a una amiga que sufre esta enfermedad; hace ya un tiempo que habla poco y casi siempre está con los ojos cerrados. Cuando llegué, la saludé efusivamente y ella abrió los ojos, sonrió y los volvió a cerrar. Quería pasar un rato con ella, pero no sabía qué hacer, por ello le traje un bombón y cuando se lo expliqué no me hizo caso, creo que ya no sabe lo que es un bombón, entonces se lo acerqué a la boca y lo reconoció, cuando lo mordió y se comió un trozo le encanto, cuando acabo de comerlo abrió la boca y mordió otro trozo, así fuimos haciendo hasta que se lo terminó; su rostro seguía inexpresivo, aunque por su actitud entendí que le gustó.

A continuación decidí buscar en el móvil una pieza musical del violoncelista Stefan Hauser y le puse el concierto Medly in love, cuando la escuchó y dijo “oh! qué bonito”, estuvimos escuchando esta música y mientras tanto le iba acariciando sus brazos y su cara; me di cuenta que su rostro estaba enfocado en la música y parecía complacida, cuando acabó el concierto, la abracé y ella sonrió y me abrazó, a continuación la llevé a comer. Este día, mi amiga disfrutó de tres cosas que le encantan: los bombones, la música clásica y las caricias amorosas; ella no fue capaz de decírmelo, sino que fui yo que, conociendo sus gustos, se lo ofrecí y ella se puso muy contenta.

20 de noviembre 2023

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