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Cuando traspasa nuestro ser querido

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Estamos viviendo unos momentos intensos en nuestra sociedad, muchas personas cercanas y no tan cercanas se van ahora. Escuchamos muchos casos que nos sorprenden: “esta persona ha muerto de un infarto; se sentó en el sofá después de cenar y se murió”, “estaba en casa sola, se encontraba bien, se cayó y ya no se pudo levantar, cuando sus familiares la encontraron caída en el suelo, la llevaron al hospital y se murió en pocas horas”, “este deportista ha muerto de repente de un ataque al corazón” etc.

Otros casos no son tan sorprendentes como el de mi tía Conchita que tenía noventa y un años y se ha muerto después de sufrir la enfermedad de Alzheimer y la de cáncer. Hacía unos años que estaba enferma y vivía en una residencia donde le trataban muy bien y su familia la visitaba a menudo.

Los últimos años de su vida Conchita se tranquilizó mucho; era inteligente y muy avanzada para su época, era una mujer emprendedora que regentaba dos tiendas de ropa. En sus últimos años de vida sufrió la enfermedad de Alzheimer de manera leve por lo cual era capaz de razonar un poco y cuando hablaba con su nieta Alba, la cual le hacía muchas preguntas para estimularla, le llegó a decir que sentía que había hecho algunas cosas mal  durante su vida y ahora se arrepentía; este comentario me parece que dice mucho de ella, porqué ser capaz de reconocer lo que ella hizo mal durante la vida demuestra que se convirtió en una persona más humilde y que se fue liberando de su ego más competitivo, además, lo explicaba a su nieta de una manera serena y natural. Esta reacción, no todo el mundo es capaz de tenerla.

Lo que no estoy segura es si ella se perdonó a sí misma, lo cual hubiera sido muy bueno para que no le quedara un sentimiento de culpa; ya que todos hacemos algunas cosas mal en esta vida y lo más importante es reconocerlo y perdonarnos y, si es posible, pedir perdón personal o mentalmente a la persona o personas afectadas, ya que sentirnos culpables no nos ayuda en nada, sino todo lo contrario, nos hace daño.

La verdad es que cuando visité a mi tía en el tanatorio, la encontré muy guapa y tenía un rostro tranquilo, lo cual me hizo pensar que su traspaso había sido suave, ya que se respiraba mucha paz a su lado.

Qué importante es que, en algún momento, podamos hacer un repaso de nuestra vida para intentar reconocer algunos aspectos oscuros que todos tenemos: envidias, arrogancia, rencor etc. que no nos ayudan a crecer como personas, por lo que es importante intentar solucionarlos lo antes posible pidiendo perdón, perdonándonos o perdonando a otra persona, si es necesario. Es por ello que es bueno observar nuestros actos con humildad y honestidad.

Tenía una compañera de trabajo preciosa personalmente y muy eficiente a nivel profesional que murió a los veinte y nueve años de leucemia; un día, después de sufrir una crisis a causa de su enfermedad, la cual parecía que ya había superado, le pregunté: “Paula, ¿ qué has aprendido durante esta enfermedad?” y ella, sin pensarlo demasiado, contestó: “he aprendido que cuando tenemos un problema con alguien o con nosotros mismos es importantísimo que lo resolvamos lo antes posible, hablando con la persona o bien analizando en nuestro interior para ver porqué hemos actuado de una determinada manera, ya que no sabemos qué puede pasar mañana y por tanto es importante que vayamos aligerando nuestra mochila”. Me sorprendió su sabia respuesta.                                                                               

El día de su ceremonia de despedida, su pareja, hablando de la angelical Paula, volvió a hablar de lo que ella comentaba con las personas de su confianza, siempre les decía que tenían que resolver pronto los conflictos por los que estaban pasando.

Yo también lo creo así. Es muy importante que todos los problemas que vamos teniendo durante la vida los podamos resolver lo antes posible porque no sabemos qué nos espera el día de mañana y si los vamos solucionando, andaremos por la vida más ligeras, limpias y en paz, y mientras estemos en este planeta conseguiremos hacer la vida mucho más agradable y fácil a las personas de nuestro entorno y seremos todos mucho más felices.

Cuando se va un ser querido sentimos dolor ya que no quisiéramos que se fuera porque nos deja un vacío muy grande y a menudo es difícil volverlo a llenar, esto es muy humano y natural. Hemos de saber que todos nos iremos cuando nos toque dejar este mundo; algunos dicen que antes de nacer nuestra alma firma un contrato donde se dice el propósito de venir a esta tierra y la fecha en que nos vamos a ir. Que estímulo más grande es para mí pensar que es así y aunque sienta el vacío de la persona querida que se ha ido, ella lo ha decidido. Este pensamiento me tranquiliza a pesar de que sienta el dolor de la pérdida y recuerde a menudo a la persona que ha traspasado.

Foto de EDU RUBIO en Unsplash

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